
Obertura
Nati Rigonni
ADN, movimiento,
Dentro de la hoja la nervadura canta,
estalla, se transforma pero el rasgo permanece,
Dentro del cuerpo el fluir de la sangre,
Dentro, el electrón y su viaje interminable,
En el músculo la danza álgida se amplía,
también los jugos gástricos, su consecuencia,
Una huella humana marca por vez primera
un continente sin rostro
o con rostro de clorofila, de animal latido,
Movimiento,
La glaciación es un sueño que se filtra por los ojos,
erige ante nosotros un paisaje de fractales imperceptibles,
Van nuestros cuerpos en marcha de blanca convulsión
sobre el hielo, Sobre la nieve
la huella, apenas una sonrisa,
¿Cómo podrían los cuerpos negarse a escuchar
el crujido de la piel,
un pez adentro que dice avanza, resiste
hasta el sitio donde habita la tibieza,
Cómo ignorar el bombeo del corazón que reclama compañía?
Dejar atrás el dolmen, el sabor de la carne cruda,
dejar atrás la piedra que nuestro primer guía signó con grasa de foca,
Ir al encuentro de no sabemos qué,
Ir a un abrazo todavía no palpado pero intuido,
El primer guía tiene el cráneo distinto al nuestro,
De pie como un oso enfurecido, abrió los labios
y el fuego salió de su boca,
Él nos ha dicho que más allá de esta insoportable blancura
hay un sol que extiende sus brazos infinitos sobre la hierba,
Hay sombras pasando debajo de nosotros,
Son hermosos monstruos salidos de nuestro miedo,
Yo sé que también están buscando,
Bajo el piso, en sus cuerpos, palpita una urgencia
que los hace moverse en grupo,
Somos seres de luz pero aún no hemos nombrado
paralelos y meridianos,
Somos pequeños y nada podemos hacer contra los lobos,
Un hombre se enfrentó a una jauría y vimos la perfección
de su sangre sobre la nieve, lo vimos perder un ojo,
El tuerto dice que vio las sombras de los monstruos
bajo este mismo piso,
Yo sé que los monstruos sólo son ballenas,
Escamas de un pez albino son nuestros días,
–cuando la palabra lance, al fin, su red,
serán escamas el lóbulo de una niña
en la Península de Yucatán–,
por ahora son hojuelas que van resguardando
nuestra esperanza: el arribo
a lo que nuestro primer guía nombra con raíces
mientras talla la piedra negrísima
que habrá de tajar el alimento,
Frente a nosotros, a la entrada de una cueva,
un inmenso caparazón muestra los hexágonos de su estirpe,
mas nada palpita bajo el icono,
nada bajo esa cubierta impecable,
Los más pequeños hemos entrado a jugar en su vacío,
lo hemos llenado de risas,
lo quebramos a punta de golpes,
No tenemos garras ni cornamenta
y el primer guía nos mira mientras mastica
las negras flores del silencio,
sabe que a pesar de nuestro cuerpo casi desprovisto de pelo
seremos los absurdos sobrevivientes de esta historia,

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